Prefacio

Bueno, para empezar voy a colgar el primer capítulo de mi libro. A ver qué tal…

Prefacio


Al llegar la vida a nuestro planeta, los dioses empezaron a observarnos. Los seres vivos nos desarrollábamos lentamente, mejorando nuestro cuerpo para tener unas condiciones de vida superiores. Mientras contemplaban a nuestros antepasados crecer, los dioses pensaron en otorgarnos un único don: el pensamiento.

A partir de ese momento fuimos capaces de pensar. Más adelante y por nuestros propios medios, desarrollamos nuevos dones: la amabilidad, la ge-nerosidad, la benevolencia…. Eran cualidades magníficas que nos permitían convivir sin problemas aunque no todo el mundo las poseyera.

Ninguna se habría desarrollado si los dioses no nos hubieran otor-gado aquel don; el único que todo ser humano posee. En recompensa, los dioses vieron cómo evolucionábamos. Aprovechábamos los medios que el planeta poseía y no interferíamos en el desarrollo de los demás seres vivos, exceptuando a las presas que nos comíamos para sobrevivir.

A partir de esta capacidad se desarrollaron la sabiduría y la inteligencia. Como bien nos muestran los diccionarios, la palabra “sabiduría” tiene múlti-ples acepciones; una de ellas dice así: Conducta prudente en la vida o en los negocios. Por otra parte, las definiciones que se dan de “inteligencia” se pue-den resumir fácilmente; La inteligencia es la capacidad de entender o com-prender, la capacidad de resolver problemas.

Los seres humanos no sólo somos capaces de pensar, sino que ade-más podemos actuar con cordura y meditamos nuestros actos. Analizamos nuestra situación y hacemos todo lo posible por mejorarla. Con el tiempo, empezamos a poblar la Tierra.

Hasta que, pensando que todo iba bien, los dioses se marcharon.

Cada religión tiene sus propias historias y sus propios dioses. En todas ellas estos seres superiores ayudan a que la especie crezca y a que todo les vaya bien.

Con el tiempo, aquellos dioses a los que nuestros antepasados adora-ban dejaron de observarnos y pensaron en marcharse. Creyeron que serí-amos capaces de sobrevivir y, fieles a sus pensamientos, así lo hicimos.

Desde un principio, los seres humanos habíamos luchado por nuestro territorio. Los dioses, pensando que era un instinto animal que no llegaría a causar mucho destrozo, lo dejaron estar. Al abandonar la Tierra, el ser hu-mano empezó a volverse más desconfiado y ambicioso. Deseábamos más y no queríamos compartir nuestros logros ni nuestras posesiones. Las guerras, que antes habían ocasionado daños menores, causaron la muerte a millones de millones de seres vivos, incluyendo a seres humanos. Los dioses, ignoran-tes, ya ni siquiera le prestaban atención a nuestro planeta.

El ser humano codiciaba cada vez más. Con los siglos empezamos a perder facultades. Nos volvimos egoístas, malévolos, rencorosos y, cada vez en mayor medida, inteligentes. Creamos las bombas y las armas, dejamos de buscar medicamentos en las plantas para empezar a buscar venenos y criamos a nuestros hijos pensando que algún día lucharían a nuestro lado.

Por suerte, no todos los seres humanos evolucionamos de igual mane-ra. Algunos siguieron creciendo con los dones que habíamos desarrollado en un principio. Los seres humanos pasaron por malas épocas, pero también tuvieron buenas. Se encontraron muchas curas. Cada vez había menos guerras y los humanos empleaban sus vidas trabajando para mejorar sus condiciones de vida, tal y como lo habían hecho en un principio. Se creó la palabra “persona”, que nos define como, filosóficamente hablando, supues-tos inteligentes.

Más adelante, como fruto de muchas acciones del ser humano, llegó la contaminación. Con ella, el planeta empezó a morir, pudriéndose por fuera y por dentro. Muchos seres vivos murieron y algunos llegaron a extinguirse. La capa de Ozono se estaba destrozando.

En consecuencia, los dioses volvieron. Observando lo que el ser huma-no había hecho con su creación, decidieron enviar a uno de los suyos para que lo solucionara todo. Nacería en la Tierra siendo enviado como espíritu, y se intercambiaría con el espíritu de otro bebé, que nacería entre dioses. Ca-da uno se criaría desconociendo la existencia del otro. Los poderes del dios despertarían con el tiempo y, como consecuencia de que un dios pisara la Tierra, los mismos poderes se aparecerían en un número reducido de seres humanos. El dios debería encontrar la manera de salvar el planeta, aunque tuviera que matar a todos los humanos. Para conseguirlo debería reunir a to-dos los seres humanos que encontrara con poderes y convencerlos de que lucharan con él.

Pero eso era un trabajo muy duro para un solo dios.

Nota: Las palabras están separadas por guiones porque esto está escrito en un documento de word. Es para respetar los márgenes.

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