Experiencia en Londres

¡Por fin! Os traigo la primera parte del Viernes 20, jeje os dejo con toda la intriga porque me tengo que ir y no me da tiempo a escribir más (y mañana no podré que tengo que estudiar). Espero que os guste :) .

Día del Viaje; Viernes 20

La noche dio paso al día sin que a mi apenas me importara. ¿Por qué debería? Todo estaba perdido. Todo.

Fulminé al termómetro con la mirada, aun sabiendo que no era culpa suya. “39’6” susurré, inexpresiva. Sentía la cara ardiente, mas ya no importaba. Me había acostumbrado a no tragar; la garganta debía de habérseme inflamado, porque la sentía hinchada y caliente.

Mamá estaba junto a mí. Cogió el termómetro y leyó. Se había pasado toda la noche despertándome cada pocas horas para darme un poco de ibuprofeno; no hacía mucho desde que me había dado el último. Aunque yo apenas había estado consciente al momento, lo sabía. Mamá dijo: “Te acabo de dar el ibuprofeno, así que la fiebre te debería haber bajado… supongo que tendrías unos cuarenta grados una hora antes.”

De haber sido un viernes normal y corriente, esto me habría asustado bastante. Pero no me podía quitar de la cabeza lo que estaba pasando… vivía atenta al presente, esperando a que llegara el siguiente minuto…

Mamá se fue un momento: “Ve levantándote, que vamos a ir al médico.” Se dirigió hacia su cuarto. Con la cara contra las sábanas, pude oír como marcaba el teléfono y se lo llevaba al oído: “¿Hola? Sí, perdone, ¿podría darme hora?… Cuanto antes mejor…De acuerdo, muchas gracias. Adiós.”

Me levanté lentamente. El cuarto empezó a dar vueltas; me puse en pie y bruscamente paró. Me notaba la cabeza pesada y sentía todo el cuerpo magullado; Espero no tener la gripe A… ¿Qué va a ser de mi viaje a Londres? ¿Adiós para siempre? La desesperación luchaba por llegar, pero yo estaba demasiado enferma; tenía la mente nublada, me costaba centrarme en un solo pensamiento.

“Corre, vístete, anda.” Dijo mamá, mirándome con preocupación y compasión. Yo también te quiero, mamá…

“Sí” contesté.

***

Mierda, lo que me faltaba…

“Tranquila, ya está todo solucionado.” ¿Por qué tengo que haber cumplido los catorce? ¿Por qué no me he puesto mala antes? ¡¿Por qué, por qué?!

Era la primera vez que entraba en esa sala y no podía haber sido peor. El suelo blanco parecía resplandecer bajo las luces fluorescentes, las paredes de un claro azul cielo. Varios carteles decoraban la pared, con útiles obligaciones escritas; “Permanezcan en silencio” Esa me viene genial, con el dolor de cabeza que tengo… “Prohibido fumar.” Bah… “Prohibido beber y comer.” Ah, ¿así que puedo hacer una siempre y cuando no haga la otra?

Nos sentamos en dos sillas de plástico, unidas por una barra de metal oxidado que las mantenía rígidas. Varios ancianos esperaban su hora. ¿Porque me miran todos? ¡Que tengo catorce años, eh! ¡Ya voy al médico de mayores!

Una mujer de pelo blanco y ojos penetrantes me observaba desde la otra punta de la pequeña estancia. No se inmutó cuando le devolví la mirada, mas debía de tener tan mal aspecto que al final giró la vista hacia otro lado, dándose por vencida.

Un hombre simpático y agradable a mi parecer nos dejó colarnos. La mujer de la mala cara aún no había pasado, mas su expresión no reflejó enfado mientras entraba en la consulta.

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