Comienzo (semana 23-29)

Esta semana ha sido particularmente larga.

El domingo, apenas estaba nerviosa. Tuve mi fiesta de despedida (la cual consistió básicamente en salir de paseo con mis amigos y cenar luego pizza en la terraza) y a dormir.

El lunes, no tuve tiempo siquiera para preocuparme. Pasé toda la mañana comprando las maletas (lo único que aún no tenía) y toda la tarde con los últimos preparativos. A las once de la noche ya estaba en el avión, camino a Londres, junto a la otra chica, Paula.

El martes, la cosa empezó bien, pero luego… Estaba tan nerviosa que me puse mala. Y la comida tailandesa no ayudó.

Me había despertado a las siete, junto a mi madre. La noche había sido corta (no llegamos al hotel hasta las dos y media), pero aún así conseguimos estar listas y con las maletas en la parada del autobús para eso de las ocho.

Después de un largo viaje de hora y media, llegamos a la terminal tres del aeropuerto. A las nueve y media ya estábamos frente a una de esas gran pantallas, buscando dónde facturar.

Había dos televisiones; una pequeña, donde se explicaban que la terminal estaba dividida en ocho partes (A-H); y una grande, que decía la hora, el destino y la letra:

12.30                   MADRID                        G

12.45                   LOS ANGELES              D

13.00                   OTTAWA             OPENS 9.00

Me miré el reloj, sólo para comprobar que eran ya las diez menos cuarto.

Esperamos hasta las diez (a pesar de las protestas de mi madre), pero no cambió nada, así que decidimos recorrer la terminal para ver si encontrábamos AIRCANADA. Resultó ser D.

Veinte minutos después llegábamos a la mesa de un señor (que hablaba español, gracias a Dios).

–El vuelo a Ottawa se ha retrasado. –dijo. Le preguntamos cuanto. –Saldrá a las diez y media de la noche.

Vale, eso explicaba porque en la pantalla decía abierto a las 9.00. Claro, ¡a las nueve de la noche!

-Por otro lado, puedo moveros al vuelo de las 3.30, que va a Montreal, y luego desde ahí podéis hacer trasbordo. Llegaríais a las 6.00, para salir luego a las 9.30 y llegar a las 10.30. Si no, el directo llega a las 12.30 –dijo.

Mi madre le explicó que viajábamos yo y otra chica, y que habíamos ido a Londres sólo para poder tener un acompañante (sólo puedes llevarlos en vuelos directos). Así que llamó a su madre para preguntarle.

A las once estábamos ya muertas de hambre (no habíamos desayunado), y todavía no lo habíamos solucionado. En mi opinión, lo mejor era esperar (pasando todo el día en Londres, jejeje). A fin de cuentas, sólo había dos horas de diferencia entre la llegada de los dos vuelos.

Aún pasaron veinte minutos más antes de que nos decidiéramos.

2 comentarios

  • By Eva, septiembre 1, 2010 @ 4:28 pm

    :) que bien lo pasamos en Londres, a pesar de todo eh???

  • By Antonio, septiembre 1, 2010 @ 7:43 pm

    Date cuen… ¡no se os puede dejar sólas!

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