La Historia de un Terremoto

Bueno, hace bastante que no escribía, ¿eh? La verdad es que lo lamento, porque ya sabéis que me encanta, pero es que eso de irse a Canadá a vivir la vida cinco meses… luego te pasa factura. Me ha costado, pero por fin he conseguido adaptarme al ritmo de la clase.

Y esto, indirectamente, ha llevado a que pueda volver a escribir :) . La historia que cuelgo hoy, después de tanto tiempo sin nada de nada, es un sueño que tuve poco después del terremoto de la Almunia (que, por cierto, se notó breve y ligeramente en nuestro colegio, ya que sentimos cómo temblaba el suelo e incluso las mesas vibraron unos instantes). No sé si tiene relación con este y con todo lo que ha pasado por Japón, pero la verdad es que fue un sueño muy interesante ;) . Al principio se suponía que lo iba a enviar a un concurso, por lo que lo había escrito en tan sólo 1000 palabras (apenas dos hojas en Word), pero al final se me olvido enviarlo (sí, lo sé, vaya cabeza tengo para ser tan joven) así que lo cuelgo aquí. De todas formas, me había quedado una historia bastante rara (entenderlo, a fin de cuentas es un sueño) conque en parte me alegro xD.

“El terremoto los pilló a todos desprevenidos. Algunos huyeron; muchos gritaron. El miedo fue tal que más de la mitad lloraron.

Lake paseaba por las calles, observando los daños causados; edificios en ruinas, madera desquebrajada, hierros doblados. Olía a tierra húmeda y polvo. La gente empezaba a salir de entre la paja y las piedras. Parecían desgastados pero alegres, como una hoja caduca a finales de otoño; todo había pasado ya, y seguían vivos.

La mayoría miraban a Lake apenados; unos pocos se acercaban y le daban dos o tres reales. A ojos de un viandante era un niño joven, a penas mayor de doce años, magullado, sucio y despeinado. Lake agitó la mano para quitarle importancia y rechazó la limosna. Tenía cosas más importantes que hacer que ir pidiendo dinero.

Echó a correr, esquivando con agilidad las telas y la porcelana rota que cubrían el suelo del mercado. Debajo de las capas de polvo y deshechos se encontraba un camino arenoso, perfecto para los carros que llegaban del extranjero. Lake siempre había soñado con montar en uno y visitar Zaragoza; se decía que era la ciudad más bella de todo Aragón.

Quedaba en todo el mercado un único toldo, erguido sobre un humilde puesto. Bajo la sombra, recostado en una silla, bostezaba un hombre de barba corta. Sobre su mesa había aparatos extraños, hechos de madera oscura o metal brillante. Dos escudos reposaban inocentemente contra un enorme colmillo de cuarzo blanco. Aquel montón de dinero alumbró los ojos de Lake. Nadie conseguía tanto en un mercadillo de pueblo.

Lake zigzagueó entre los demás puestos. Aquel hombre parecía dormir profundamente. Había que arriesgarse. Alargó la mano lentamente, procurando no tirar nada por el camino, y palpó las monedas. Cerró la mano al tacto del frío metal y retrocedió con calma. Lo más importante al  robar era tener paciencia.

Tenía el dinero a un palmo del pecho  cuando el tendero abrió repentinamente los ojos. Se extrañó al verle tan manchado y descuidado, mas no se fijó en las monedas que escondió rápidamente en el bolsillo. Lake suspiró aliviado, sonrió y volvió por donde había venido.

-Espera. –exclamó el hombre. -¿Qué ha ocurrido?

Lake siguió la mirada del tendero por todo el mercado. Vio las ruinas y a la gente ayudándose unos a otros. Le explicó cómo había temblado el suelo y cómo hasta los muertos lo habían notado. Cómo él se había encontrado inesperadamente frente a una pared de rocas que habían caído de la muralla, y cómo su hermana pequeña había quedado sola al otro lado.

El tendero se mostró comprensivo. Le ofreció su ayuda y, una vez Lake la rechazó, le deseo buena suerte. No dejó de observarle mientras marchaba entre los puestos de vuelta al camino, hasta que se perdió entre las casas derruidas.

Lake siguió su camino sintiendo el peso de las monedas robadas. No le gustaba nada robar, así que le mandó un silencioso perdón a Dios y otro al tendero, y volvió a echar a correr.

Entró en la plaza del pueblo y bajó las gradas velozmente. La paja que formaba el tejado cubría ahora completamente el suelo, por lo que más de una vez resbaló y estuvo a punto de bajar rodando. En el círculo central vio dos figuras, que poco a poco fueron creciendo hasta transformarse en dos niños. Lake los conocía.

-Adrián, Luca. –los llamó. -¿Habéis visto a Rachel?

Ninguno de los dos chicos sabía dónde estaba su hermana, por lo que Lake volvió a subir las gradas y continuó su carrera por el pueblo. Las calles, que rodeaban la plaza principal, estaban separadas entre ellas por casas coloridas. Había callejones que atravesaban los edificios, conectando las calles entre sí. A parte de la Gran Avenida, donde se encontraban el mercado y el hospital, no había ninguna otra zona, a excepción de los gremios y un colegio mediocre, que fuera comercial o de uso público.

Lake optó por seguir corriendo hasta el hospital, pero se arrepintió enseguida. El camino estaba bloqueado por más piedras caídas, por lo que tuvo que darse la vuelta y volver sobre sus pasos hasta el mercado. Le sorprendió ver que aquel extraño tendero había desaparecido junto a su mágico toldo y su puesto, pero no se dejó despistar.

Recordó aquellos largos paseos que había dando con sus amigos tantas veces por el pueblo, recorriéndoselo de cabo a rabo. Tenía que haber alguna manera de llegar al otro lado; la calle principal parecía haber sido partida en dos durante el terremoto, separando ambas mitades con imperturbables murallas de roca.

Lake corrió y corrió por entre las callejuelas, pero todos los caminos le llevaban al mismo lugar; de vuelta a la pared. No había manera humana de pasar al otro lado.

Estaba ya a punto de echarse a llorar por la desesperación cuando atisbó el brillo inconfundible de una armadura y se giró, extrañado y sorprendido. Era la primera vez que veía un caballero, mas entre sus características vestiduras y la enorme espada distinguió a aquel misterioso tendero.

El hombre sonrió al ver a Lake y se le acercó con calma. Posó su mano suavemente contra sus cabellos y le habló lentamente al oído. Lake jaspeó.

Lloró arrepentido, sacó las monedas robadas y se las entregó con manos temblorosas. Cuando el dinero tocó al hombre el metal se convirtió repentinamente en polvo y Lake distinguió durante un instante las hermosas alas blancas que se extendían tras él.

El ángel le sonrió y se acercó a la muralla. Cuando su mano se posó, esta vez sobre las rocas, estas se convirtieron de inmediato también en polvo.

Lake no tuvo tiempo ni de sorprenderse. Ahora que no estaban separados, oyó a su hermana llamándole y la vio corriendo entre lágrimas hacia él. Los dos se abrazaron, rieron y lloraron.

Cuando se volvió, el ángel ya había desaparecido. No pudo agradecerle, pero juró que no lo olvidaría. Jamás.

Entre sus pies se extendía el milagroso polvo que le había devuelto la felicidad.”

2 comentarios

  • By Raquel... creo que me llamo así, abril 27, 2011 @ 11:14 pm

    “Clap, clap clap”
    Que cabeza con no enviarlooo!! esta genial!! :D

  • By NarniaNerea, abril 28, 2011 @ 6:19 pm

    jajaja gracias gracias xD Es lo malo que tiene estar de vacaciones, que se pasa el tiempo volando ;)

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