Desde muy pequeña, actuar me apasiona. No a lo actriz como las del cine, que acaban siendo perseguidas por los periodistas y los paparazzi. No, yo siempre he soñado ser una entre dos opciones (porque las dos ya me parece demasiado):
1. Humorista, lo que obviamente sería junto a mi fiel hermano (quién, tengo que admitir, tiene bastante más gracia que yo, aunque sus chistes son peores
)
o…
2. Actriz en obras de teatro (esto último me viene por parte de padre, quien tenía muuuuucho tiempo libre cuando era joven).
De hecho, llegué a apuntarme a clases de teatro en mi colegio hace unos años, pero al final me desapunté. En parte, porque cuando entré a tercero (o a segundo, ya no me acuerdo) el horario no me lo permitía, pero también porque… siendo sincera…
¡¡¡Me da mucha vergüenza!!!
Así que, sí, desde siempre he amado el teatro, pero nunca me he visto realmente interpretando. Seamos francos; ¿cómo voy a hacerlo si cada vez que empiezo a decir algo sonrío como una posesa y me pongo más roja que después de tomar sopa ghanesa (la cual os juro lleva mucho, MUUUUCHO picante)?
Pues eso, que no lo hago y ya está. Me gusta pensar que, si tengo suerte, algún día, cuando mi hermano tenga ya su propio programa a lo Sé lo que Hicisteis o El Intermedio (en el cual incluirá, seguramente, a varios de sus amigos), tendré el gran honor de ser la invitada especial. Pero hasta entonces… nada.
O al menos… eso creía yo (bueno bueno, ¿esta frase no se está haciendo ya muy típica en mis entradas? No sé si alegrarme o deprimirme…), hasta hace una semana.
No sé si lo he mencionado antes, pero para la clase de Inglés de este semestre, tengo (mejor dicho, tenía) que hacer un proyecto final que valía un gran porciento de la nota. Hemos ido en grupos de tres, donde cada persona tenía que hacer una parte de la introdución, otra de la conclusión y su propio proyectito, por así decirlo, dentro de lo que era el trabajo en grupo.
Los proyectos iban sobre distintos libros que tuvimos que leer en Diciembre. El mío se llama Acceleration, escrito por Graham McNamee. Trata sobre un chico, Duncan, que pasa las vacaciones de verano trabajando en los Objetos Perdidos de la estación de tren (Subway) de Toronto. Ahí, encuentra un diario que parece haber sido escrito por un potencial psicópata… y empieza a buscarle…
Para los proyectitos, había cuatro opciones. Con mi grupo, decidir quién hacía qué fue muy fácil; todos queríamos hacer algo distinto desde el principio.
Y yo elegí la opción d).
Decía de hacer un algo artístico (esculptura, dibujo, colass…) en el que se reflejara uno de los temas del libro. Por otra parte… también había que hacer un monólogo, haciéndose pasar por uno de los personajes.
Y aquí es dónde entra todo el rollito de antes sobre el teatro. A mí me pareció la opción perfecta; haría el dibujo, algo con lo que disfrutaría un montón, y escribiría (y presentaría, por supuesto) el monólogo, aprovechando para desarrollar mis dotes actorescos (otra vez me estoy inventando palabras, ya lo siento…). Así que empecé a trabajar.
El dibujo lo hice entero, desde zero a cien, la semana pasada. Tuve varios problemas (por ejemplo, resulta que sólo los retuladores funcionan sobre cartulina, así que no pude usar mis pinturas) pero al final conseguí terminarlo a tiempo.
El monólogo… lo hice casi completamente durante clase. Me acuerdo que Michelle, la ayudante de nuestra profesora (apenas un año mayor que nosotros) estaba todo el rato a mi lado, cotilleando lo que escribía. Le dije que tendría que esperar a que lo terminara para poder escucharlo. Al final, lo acabé el día de antes, a las diez de la noche xD. Tenía el plan perfecto, de todas formas; iba a presentar con la capucha de mi chaqueta puesta, para dar la idea de lo difícil que fue descubrir al personaje que yo estaba interpretando. Así, además, no podría ver a mi audiencia, haciéndolo muchísimo más fácil a la hora de presentar.
Aún así, llegué a clase el lunes, muerta de miedo. No había podido pegar ojo por los nervios (sin exagerar, no me dormí hasta las dos), lo cual empeoraba aún más la situación. Me caía de sueño y vergüenza (tengo que admitir que aquel día estaba un pelín melodramática, pero oye, lo pasé mal).
Sonó la alarma que indicaba el comienzo de la clase y todos nos sentamos. La profesora nos explicó que dos grupos se habían dado como voluntarios para presentar aquel día, pero que necesitaban uno entre medio porque habían leído el mismo libro.
Yo me quería ofrecer (sinceramente, soy de las que apoyan el “cuanto antes te lo quites de encima, mejor”) pero sabía que mis dos compañeros me odiarían a muerte si lo hacía (lo cual tampoco debería asustarme mucho ya que tan sólo me quedan tres semanas con ellos, pero bueno…).
Un grupo se me adelantó y acabó presentado aquel día. Al resto nos eligieron al azar; nosotros acabamos para el miércoles, los primeritos.
Bueno, podría haber sido peor. Como mínimo eso me garantizaba una noche de sueño.
Ugggh. Me duele, pero repito: O al menos… eso creía yo.
En mi opinión, los presentimientos, o el sexto sentido, como lo queráis llamar, son simplemente conclusiones a las que llega tu mente por si sola, recogiendo detalles de los que ni tú mismo eres consciente. Así, cuando detecta una situación peligrosa o de la que debas saber, te llega la intuición.
Aquella noche me llegó la idea, incoscientemente, de que hoy no iba a ser exactamente como yo me creía. Por eso, me costó dormir, otra vez, aunque considerablemente menos que el lunes.
Me desperté y vestí, poniéndome el polar (que no tiene capucha), pensando que no me haría falta la otra chaqueta, ya que no presentaba hasta mañana.
La mañana pasó rápida y llegó la hora de la comida. Otra vez, incoscientemente, mi cuerpo activó la señal de alerta.
“Paula, ¿te importa si te digo mi monólogo? Sólo para practicar, ya sabes”
Lo hice, aún sabiendo que muchas cosas cambiarían cuando tuviera que presentar delante de la clase. Por ejemplo, sabía que los alumnos me estarían mirando y escuchando, no como Paula que estaba oyendo música, y también sabía que no podría limitarme a fulminar a la papelera (ya me había olvidado de la chaqueta) sino que tendría que mirarles a la cara. A todos.
El recreo acabó justo cuando yo terminé el monólogo. Se me trabó la lengua varias veces y me quedé en blanco dos. Quería gritar “EN SU MOMENTO, ¡¡¡TRÁGAME TIERRA!!!”
Entré a la clase de inglés con la tripa llena de mariposas (mira que revolotean las muy…). Cuando me senté, noté que me temblaban las manos. ¿Por qué estaba tan nerviosa, si no presentaba hasta mañana?
Imagino que, llegados a este punto, ya sabreís por qué. Desgraciadamente, aún me quedan cosas que decir, antes de empezar el monólogo.
El primer grupo era en realidad el último del lunes, ya que no les había dado tiempo a terminar. Sólo quedaba la presentación de una chica, llamada Tamara, que había elegido la opción c). Tenía que presentar, como si fuera él o ella, los seis objetos (metidos en una caja) que mejor definieran a uno de los personajes de su libro. Al final, le quedó como un monólogo. Y estaba bastante bien, así que me puse aún más nerviosa.
El siguiente grupo hizo una presentación increíblemente corta. Si tenía que durar entre 20 y 25 minutos, la suya apenas llegó a los 10. El segundo y el tercer grupo también lo hicieron en relativamente poco tiempo, y eso que tuvieron problemas con el proyector.
Así que terminaron todos, y aún quedaban veinte minutos.
Lo cual significaba que, obviamente… mi grupo presentaba hoy.
¡¡¡¡BUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHH!!!!
“Matt, tu grupo va a presentar el siguiente ya que aún queda mucho tiempo, así que ir a coger lo que os haga falta por favor” nos indicó la profesora poco antes de que empezara el tercer grupo.
Yo anduve hasta mi taquilla, tratando de respirar profundo para calmarme. Por supuesto, no funcionó, así que me limité a coger la cartulina con mi dibujo y volver a la clase.
Cuando los terceros terminaron, ya había repetido todo lo que tenía que decir en mi cabeza unas cinco veces y tratado de estabilizar mi respiración mientras tanto. Tampoco es que me fuera a dar un ataque al corazón; simplemente respiraba más rápido de lo normal, y sabía que eso no haría más que empeorar mi claridad a la hora de hablar.
Así me coloqué delante de la pizarra, con la pantalla del proyector justo detrás de mí. Entonces sí que no me temblaban las manos, sino el cuerpo entero. Literalmente, ¡TRÁGAME TIERRA!.
“Vamos a hablar sobre el libro Acceleration, de McGrem o McNam o algo así…” empezó mi compañero.
Los tres teníamos cada uno nuestra parte de la introdución, así que yo esperé asustada a que me llegara el turno. Desgraciadamente… llegó.
“Al principio de la novela, el lector es introducido al protagonista, Duncan, y su jefe Jacob…”
Me impresionó lo fácil que me resultaba hablar. Yo era la única que se había memorizado su parte, pero aún así lo traje impreso para entregárselo a la profesora más tarde; ni siquiera lo miré.
Terminé con la introdución bastante rápido. Yo era la última de los tres en presentar su proyectito, así que esperé ansiosísima (por favor nótese la ironía) a que ellos hicieran los suyos. Mientras tanto, miré al suelo e inspiré y expiré, inspiré y expiré…
Silencio. Upps. Ya me tocaba.
En vez de hablar (porque sabía que se me iba a quebrar la voz) quité la cinta que sujetaba la cartulina con la mano temblorosa y la abrí, dejando a la vista el dibujo. Entonces empecé a hablar.
“Este dibujo representa como me imaginaba a Roach (significa cucaracha en inglés y es el apodo que le pone Duncan, el protagonista), el potencial psicópata, al principio del libro. Le he dibujado con la capucha puesta porque durante toda la historia parece como si estuviera engañando a Duncan; tiene su diario, con todos sus pensamientos e ideas, pero nada de Roach mismo. Ni un nombre, ni una dirección.. Nada.”
Fui señalando conforme iba nombrando los componentes de mi dibujo, observando como dos personas se cambiaban de sitio para poder verlo mejor. Esto me alegró bastante, siendo sincera. Pero lo mejor estaba por llegar…
Terminé la presentación sobre mi dibujo poco después.
Clap clap clap clap clap. ¡Me estaban aplaudiendo! ¡Y ni siquiera habíamos terminado con el proyecto!
Es increíble que tan sólo el choque de sus manos pudiera animarme tanto, pero al final estaba tan contenta que ya no temblaba.
Hubo un momento de silencio, y entonces, justo cuando iba a introducir mi monólogo…
“Al final de la novela…”
“¡No!” interrumpí. “Espera, que aún tengo que hacer mi monólogo.” sonaba con ganas y todo…
Así que la atención estaba dirigida de nuevo a mí, pero los nervios no llegaban. Me sentía, de alguna manera, tranquila y llena de confianza.
“Ahora voy a presentar mi monólogo. Sólo hay dos cosas que me gustaría decir sobre él. La primera, que, aunque en el libro Roach es el apodo del asesino, he pensado que sería interesante si Roach tuviera también un apodo para Duncan, y que llegaría incluso a gracioso si fuera el mismo. Lo segundo que quiero decir es que voy a pretender ser el asesino, Roach, así que espero que para el final” recorrí a la clase con la mirada y sonreí malévolamente “esteís todos muertos de miedo.” Hubo un coro de risitas bajas y muchas sonrisas. “Ah, y por cierto, que sepáis que pensaba hacerlo con la capucha puesta, igual que en el dibujo, pero como nos han cambiado la presentación a hoy y no tengo la chaqueta… pues vaís a tener que verme hacerlo así.”
Otra vez hice una pausa, sabiendo lo que estaba por venir. Entonces me puse seria como una piedra, y empezó la actuación…
“I’ve never though too much about how I’d die. I rather preferred enjoying myself thinking about how someone else would die.” Mis ojos se paseaban por la clase, posándose lentamente en cada una de las personas que formaban mi audiencia.
“Well, no. Not someone else. Her.
I liked to imagine how she’ll scream soundlessly, my hand covering her mouth as tears drew sparkling lines along her cheeks. I’d caress her lips slowly, sensually, whispering calm worlds that would dance in the air, playfully, until they reached her ears and entered her mind. They’d be like a numbing drogue, mixing with her agonic fear and exploding in so many feelings that’d surround her body, drowning her. She’d faint instantly, falling into an endless sleep where neither pain nor fear exist, and where she would be carried away by the power of her young soul and the purity of her dreams. I would never harm her beautiful body, keeping it on its perfect shape until my necessities were satisfied. And then… it would be the time.
I had dreamed of that moment for my whole life.
Every single thing was planned. Every move, every word. Every death.
And yet… there he was.
I don’t even know his name. He seemed so insignificant… like a rat running scared from the tiniest noise. Like a roach hiding behind the putrid walls of the darkest room. I liked that name, it fitted him; Roach. Such an annoying and slicky bug. I still can hardly believe that someone like him could so easily find me. Or worse, could so easily used it, to find me. My diary. And he used it to get to me.
I knew it could happen; there was that infinitesimal possibility. I knew that, some day, I might lose it. And thus, I was extremely careful… There was no name, no place, no nothing. Not a single hint. And yet… he found me.
Now that some time has passed since the accident, I realize that there were things. So imperceptible, insignificant clues. The newspaper articles, for instance; those tiny creatures, so easy to manipulate… And the fires. I had them all in my hand… coming only when and where I wanted them to… Yes, that gave him the place.
Not like he really needed it, though. I myself came to him. But why, I wonder, why would he stick his stupid nose inside my precious, little diary? He didn’t have anything better to do, did he?” Mire a la chica que había presentado su caja tan bien al principio de la clase. Parecía asustada de verdad. “You nasty, hateful roach. ” Entonces me giré y mi mirada se encontró con la de la profesora, mientras una sonrisa malvada se dibujaba en mi cara:
I’ll wait for you at hell, my dear.”
La sala permaneció en un silencio sepulcral. Por casi medio minuto.
“Al final del libro…” empezó mi compañero.
Durante toda la conclusión, noté que la mayoría (a excepción de una persona, siendo sinceros) de los alumnos y la profesora tenían todavía cara asustada. Cuando terminé mi parte de la conclusión, cerrando así la presentación, les miré de nuevo y sonreí.
La ola de aplausos fue aún más fuerte de lo normal.
Estaba tan feliz que podría haber ido bailando (o dando saltos, depende) hasta mi mesa, pero me contuve, cogí la cartulina y caminé lentamente. Justo antes de aposentarme, me encontré con la mirada de la chica que se sienta justo detrás de mí. Su cara decía “me das miedo…“.
“Tu monólogo ha sido muy bueno.” dijo.
“¡Muchas gracias!”
La chica que se sienta a mi derecha, y la cual también había presentado su caja como si fuera un monólogo, se me acercó y me cogió del hombro.
“¡Tu monólogo ha sido asombroso!”
“¡Gracias!”
Dejé la cartulina en mi mesa, con una sonrisa tan grande que se me hubiera salido de la cara (si pudiera) y me acerqué a la mesa de la profesora para entregarle la presentación impresa. Ella tenía la misma expresión que yo.
“¡Tu monólogo ha sido increíble! Y eso que os he movido a hoy sin avisar. ¡Ah, y el dibujo también estaba muy bien!”
“¡Gracias!” He contestado, tendiéndole las notas.
Michelle esperaba a que la mirara, y yo así lo he hecho.
“Tu monólogo ha estado genial, pero es que lo que sí que me ha impresionado… ha sido tu cara mientras hablabas.” jajajajaja xD Pobre Michelle.
“Jajajaja muchas gracias. Ya te dije que la espera valdría la pena.”
¡Y así ha sido! ¡Al final, resulta que no me he quedado en blanco ni nada por el estilo! De hecho, notaba como mi voz se proyectaba por todo el cuarto, alta y clara. Puff, y las sonrisas malvadas… han tenido que ser de película
. ¡Sólo espero poder volver a hacer algo así alguna otra vez!