Uuuuuuuuuuuuuuuuy…. creo que he perdido a mi hija
Nerea caminaba en mitad de la calle, sintiendo como el calor la iba matando muy, muy lentamente. A su lado sufría en silencio su madre, Eva, andando con la misma agilidad. Cuanto antes estuvieran de vuelta en casa, antes podría darles la bienvenida su amado aire acondicionado.
Nerea había tratado varias veces de iniciar una conversación (por muy banal que fuera) pero sabía que nada funcionaría. Cuando andaba con su madre era siempre igual; Nerea hablaba sin parar, y Eva se limitaba a caminar. Más de una vez Nerea se preguntaba si de verdad la estaba escuchando, hasta que por fin se daba por vencida y callaba. Entonces Eva suspiraba agradecida, interiormente, y seguía a lo suyo.
Mientras tanto, a su lado, inquieta y aburrida por la falta de conversación, Nerea cavilaba.
El cemento puede ser algo muy peligroso. -pensaba, mirando al suelo con sospecha. -En un momento de gran debilidad, en mitad de una tarde cualquiera de verano, cuando notas tu lengua tan seca que se puede cortar con ella, puedes llegar a pensar que hay un lago en mitad de la carretera. Entonces te lanzas corriendo hacia el suelo, pero cuanto más corres, más lejos parece estar el agua… y entonces te das cuenta de que o bien el lago ha cobrado vida y está huyendo de ti mientras se ríe con malicia, o tal vez el maldito cemento está calentando de semejante manera el aire que ya incluso refleja la luz. Y entonces, debilitado y deprimido, giras la cabeza hacia el termómetro más cercano y te encuentras con una cifra que creías jamás verías en toda tu larga vida…
Ambas mujeres bajaban la enorme avenida con la impaciencia de dos almas que están sudando como pollos en un horno. Nerea no tenía palabras para describir el aire que la rodeaba; se está tan quieto que uno llegaría a pensar que no está ahí, hasta que empiezas a notar una sensación de sofoco (que se va formando a tu alrededor pausadamente) y te das cuenta de que, en realidad, el aire se te ha pegado (lo que impide que haya viento) y te está agarrando con fuerza, tratando de asfixiarte lenta, muy lentamente…. Y claro, cómo no puedes hablar por que te está matando, tal vez por eso mamá me ignora… tal vez simplemente no puede hablar y yo debería ahorrar energías también…
Así iba Nerea, con la cabeza llena de los típicos pensamientos sin pies ni cabeza que a uno se le ocurren cuando anda aburrido por la calle, en el momento en que llegaron a un paso de cebra. Ambas mujeres miraron a ambos lados y siguieron caminando con toda la tranquilidad del mundo.
-¡AH! -exclamó Nerea de repente, tropezándose con una piedra.
Paró de golpe, sorprendida, y se miró el pie izquierdo. Su madre, que parecía estar perdida en sabe Dios qué pensamientos, siguió andando sin hacerle caso. Nerea frunció el ceño pero no la llamó, suponiendo que se acabaría dando cuenta de que ella ya no estaba. Con un poco suerte.
Nerea miró a su madre, esperando a que se diera la vuelta, pero ella siguió andando hasta que la perdió de vista. Entonces dejó escapar un suspiro de desesperación y, caminando a trompicones (como buenamente podía), se acercó a una pared, para no molestar a los demás viandantes. Tratando de calmarse (para no empezar a gritar) se acercó el pie al alcance de la mano para observarlo más a fondo. Después de dos segundos gimió con desesperación.
La tira de plástico que sujetaba el pie a la chancleta se había desgarrado completamente. Ahora no sólo tendría que comprarse un par nuevo, si no que aún encima tendría que volver a casa a la pata coja. Bajo un calor sofocante. Mientras su madre seguía ahí delante tan tranquila.
Volvió a gemir.
-Vaya faena, ¿no? -comentó una abuelita que pasaba por ahí, mirándola con pena.
Nerea levantó la cabeza de golpe y la miró. Tenía gracia que se preocupara más por ella una persona anónima que su propia madre…
-Sí, la verdad es que sí… -contestó, mirando su chancla con impotencia. Le dirigió a la mujer una mirada de pena y sonrió. -Pero bueno, qué se le va a hacer…
Unos cuantos metros más adelante, Eva paró de súbito. Miró a su alrededor, pero no había nadie. Juraría que iba andando con Nerea… ¿O será que iba sola…? Pero, no, estoy segura de que iba con ella… ¿Dónde estará? Empezó a pensar. ¿Y si la habían secuestrado? No, pero entonces ella habría gritado… aunque claro, si le habían tapado la boca o algo… ¡No, porque entonces la gente se habría dado cuenta! Su ansiedad fue creciendo. ¿Y si la habían abducido? ¿Y si había cogido otra calle de repente y ella no se había dando cuenta? No, pero no se habría ido sin más, me habría avisado… ¿no?
De repente oyó unas risas sofocadas y se giró para mirar a una abuelita que pasaba a su lado. La miró inquisitiva.
-Que se te ha accidentando. -le dijo entre risas, señalando hacia atrás.
Eva se giró entonces de golpe, justo a tiempo para ver a su hija andando con el pie izquierdo descalzo y una chancleta rota en la mano. Sonreía (porque siempre es mejor sonreír que llorar) mientras la miraba con incredulidad.
-¡Tiene gracia que ni te hayas dando cuenta de que no estaba! -exclamó cuando se encontraron, sin poder evitar empezarse a reír. – ¡Y que una mujer cualquiera se preocupe más por mí que TÚ, MI PROPIA MADRE!
Eva se unió a sus carcajadas.
-Además, ¡ya te había dicho que necesitaba unas chacletas nuevas, y tú ahí insistiendo en que “no que tenemos que ahorrar”! ¡SERÁ POSIBLE! -terminó Nerea, llegados a este punto ya ambas carcajeándose. -En fin, ahora voy a tener que volver andando sin zapato…
-Pues ten cuidado no te vayas a cortar con algún cristal o algo… -añadió Eva.
-¡¡¡SÍ SÍ, TÚ AHORA TRATA DE ARREGLARLO COMPORTÁNDOTE COMO LA BUENA MADRE QUE DEBERÍAS SER!!! -exclamó Nerea entre risas.
———————————————————————————————————————————————————————
Bueeeeeeeeeno….. Y así es como hoy ha tenido que volver a casa la pobre, con un pie descalzo, una chancleta rota en la mano y una mala madre al lado xD (lo digo todo en broma, por supuesto, ya que tanto mi madre como yo sabemos que no podríamos habernos reído más… aunque haya sido de lo torpe que soy xD).